Entrevista a Cora Alicia Leivinson

La Licenciada en Musicoterapia Cora Alicia Leivinson nació en Buenos Aires en 1950 y ha desarrollado una gran trayectoria profesional en Argentina y en España. Dentro de poco podremos disfrutar de su tercer libro. Si bien ambas residimos en este momento en el hemisferio sur, el destino quiso que nos encontráramos en el invierno español. Charlamos muchas horas en varios encuentros mientras una Madrid muy fría nos regalaba una luz memorable. Me reencontré con una Cora alegre, vital, firme y muy contestataria. Les invito a leer nuestro encuentro.

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Cora Alicia Leivinson

 

¿CÓMO FUE EL UNIVERSO SONORO DE TU INFANCIA?
Nací en una familia cuyo “jefe” era un violinista que tocaba en orquestas de tango en lo que era radio Libertad y radio el Mundo. Mi padre en el año 1955 empezó a trabajar en el Teatro Colón. Era como un oficinista de la música; pero aún así disfrutaba mucho tocando. Desde los años 60 en adelante se reunían en casa todos los lunes para hacer música de cámara con la que era mi profesora de piano, Carola Arias Blanco, con un violinista, un violista, y a veces venía algún chelista. Me siento muy afortunada por esto. No eran improvisadores, recreaban las partituras. Como, por ejemplo; las sonatas de César Franck, de Fauré, las concertantes de Mozart, Beethoven, y mucho Brahms.

¿Y TU MADRE TAMBIÉN SE DEDICABA A LA MÚSICA?
Mi mamá era una diletante de la música. Algún día quiso aprender a tocar el piano, había en casa un Steinway de mi abuela. La canción de cuna que nos cantaba y que yo también canté a mis hijos, era sobre un estudio de piano… Yo era muy llorona… así que me la tuvo que cantar mucho… Por otro lado, mi hermana mayor desde muy niña quiso cantar. En el año 1971 se vino a estudiar canto con Lola Rodríguez Aragón, estudió un tiempo y aquí se quedó en Madrid y se jubiló como profesora de la Escuela Superior de Canto.

¿CUÁL FUE EL CAMINO PARA LLAGAR A LA MUSICOTERAPIA?
Estudié muchos años piano con muy mala experiencia inicial. Mis manos no eran para pianista porque son pequeñas, de dedos cortos… Cuando tenía 4 o 5 años tocaba de oído lo que mi hermana trabajaba con sus partituras. Pero no pude con los estudios. En el concierto de alumnos de fin de año, me olvidé una parte y la improvisé. Al terminar fui muy contenta al profesor por haber podido llegar al final de la obra. Y él me dijo: “muy mal Corita, las partituras no se cambian.” Eso me marcó mucho y dejé de tocar de oído, dejé de improvisar a los 6 años. Después de muchos años de leer partituras y ser incapaz de memorizar, di con la carrera de musicoterapia y me hice “auto-musicoterapia”. Desde entonces algún chip volvió a funcionar y pude volver a improvisar aunque con limitaciones. Cuando estudiaba musicoterapia tuve que hacer un proceso de reorganización musical en mi cabeza para volver a ser espontánea. Esto es interesante porque en un punto estoy convencida que muchos de los musicoterapeutas somos músicos frustrados o tienen una historia complicada con la música.

¿DÓNDE ESTUDIASTE MUSICOTERAPIA?
En el Museo Social Argentino a mediados de los 60 cuando comenzó a gestarse un movimiento del mundo artístico con figuras como Rolando Benenzon, Cecilia Kamen, Patricia Stokoe, Violeta de Gainza. Los Graetzer y otros fundadores del Collegium Musicum de Buenos Aires arman la Licenciatura en la Universidad del Salvador. Por algún motivo se separan y en el Salvador quedó Benenzon y en el Museo abren la carrera Bernardo de Quirós, José Feldman, Violeta de Gainza, Vida Brenner, María Laura Nardelli, Helga Epstein, Orlando Schrager…. Yo tuve esos profesores y fue un lujo. No eran musicoterapeutas porque no existía todavía la formación en la profesión pero hacían trabajos terapéuticos maravillosos.

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Cora Alicia Leivinson con el Movimiento de Musicoterapia Convbocas. Rosario. Argentina.

 

MIENTRA ESTUDIABAS MUSICOTERAPIA ¿PUDISTE HACER ALGUNAS PRÁCTICAS?
Sí, empecé a trabajar “ad honorem” en el Hospital de niños de San Justo con una médica neumóloga. Hacíamos grupos de niños con musicoterapia y ella trabajaba también con una psicóloga en grupo de padres. Fue una experiencia piloto y salió publicado en la revista de Asam- Asociación Argentina de Musicoterapia-. En mi blog está colgado por si alguien la quiere leer. En marzo de 1976, ya sabe todo el mundo lo qué pasó, y la dictadura disolvió todos los trabajos que se hacían “ad honorem” en todos los hospitales porque para ellos era subversión. Tenían razón, estábamos subvertiendo la realidad sanitaria del país. Así que dejé el hospital y también la soltería. Empecé a trabajar en la escuela de psicóticos que era una escuela hospitalaria en relación con el Hospital Ramos Mejía. Pero fue una escuela creada por “izquierdas”… Es interesante esta historia porque te da la pauta de que cuando se quieren hacer las cosas se hacen.

¿CUÁNTO TIEMPO DURÓ ESTO EN PLENA DICTADURA?
Duró hasta que las Escuelas del Consejo Nacional de Educación empezaron a depender de un plumazo de la Municipalidad de Buenos Aires. En el año 80 a Adriano Ruffo lo “vuelan”… Y a nuestra escuela vino a caer una señora que se llamaba Videla de apellido, no tenía nada que ver con Jorge Rafael… pero venía de una familia de alta alcurnia de Mendoza: los González Videla. Esto duró dos años más. Luego se transformó en el Cens Nº 1.

¿ A PESAR DEL CAMBIO DE DIRECCIÓN TÚ PODÍAS TRABAJABAR IGUAL?
Yo hacía lo que podía, lo que creía. Lo cierto es que siempre me gustó trabajar con chicos con autismo. También trabajé en APNA, – Asociación de padres con niños atípicos-, y trabajé con Miguel Ángel García Coto, gran figura con respecto al autismo. Previamente también hice prácticas con Elcira Belloch en el Hospital Tobar García y allí también teníamos chiquitos con autismo. Pero en el 1981 me fui a vivir a Mendoza con dos niños pequeños. Ahí trabajé un año, ayudé a que se formara APNA, pero la realidad me superó. Estábamos en plena dictadura, mis niños eran muy pequeños y Mendoza es una provincia árida en todos los sentidos, y dejé la musicoterapia hasta el año 90. Y en esos 8 años fui maestra de grado.

¿CÓMO SE DIO TU VUELTA DESPUÉS DE TANTOS AÑOS?
En el 90 vuelvo gracias a una profesora de plástica con la que armamos un grupo. Yo empecé a pintar en terapia y volví a recuperar la creatividad desde instancias de un arte que no había frecuentado; y además, me ayudó a recuperar la música. Entonces armamos un grupo de terapias artísticas. Lo llamábamos “Taller de Arte Integral” teníamos también un director de teatro (Víctor Arrojo). Volví a la musicoterapia con todo y no la dejé nunca más. Y también volví al autismo, en un centro llamado “Naranjito”, a APNA e IRID a 80 km de la ciudad de Mendoza hasta el año 2000 que me voy a España.

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Cora con un grupo de pacientes. 2005. Madrid

¿POR QUÉ TE FUISTE A ESPAÑA?
Para ver si encontraba a Cora. Tenía 50 años cuando me reencontré…

¿QUÉ PASÓ PARA QUE TE REENCONTRARAS?
Tuve que tomar distancia para darme cuenta de que sí tocaba el piano, de que sí tocaba la guitarra, de que sí cantaba, que sí creaba, que sí sabía mucho de musicoterapia, y que sí podía enseñar. Y cuando llegué a Madrid “vomité” el libro “Resonando”. De repente me encontré con un ordenador para mí sola, y empecé a escribir, me salía por los poros. Es un libro que casi no he corregido. Y el primer trabajo que tuve en Madrid fue en un centro de mayores donde me pagaban una miseria atómica, pero me permitió obtener mis papeles de residencia. Así que fue un beneficio enorme, y por otro lado aprendí muchísimo. Nunca había trabajado con mayores.

¿ASÍ QUE AHÍ CORA SE REINVENTÓ TAMBIÉN?
Sí, pero no sólo reinventar sino revalorizar un mundo sonoro que tenía dentro y que tenía que ver con mi militancia política de mi juventud, y que tenía que ver con las canciones de la Guerra Civil Española, también con los tangos, y eso fue a partir de que tuve que contactar con esa música de los viejitos españoles. Recuerdo que iba desesperadamente a buscar a las Bibliotecas Públicas grabaciones de coplas y fue impresionante. Y me hizo mucho bien, y tuve que empezar a tocar esas canciones, cuando no había salido en años de “Zamba de mi Esperanza” y me fui fortaleciendo.

¿CÓMO TE VINCULAS CON EL AUTISMO EN MADRID?
Me costó mucho insertarme. Había mucha prevención respecto de la musicoterapia en autismo: esto de que los chicos se lo pudieran pasar genial para los terapeutas de ese momento era algo impensable. Para ellos el niño tenía que perder sus estereotipias, sus rituales y demás. Y la música resulta que sale desde la estereotipia y un ritmo que se repite y una secuencia melódica que se repite acaba siendo un ritual. Y esto costó mucho que lo entendieran. No obstante seguí golpeando puertas. Trabajé casi cuatro años en la Sociedad de Autismo de Guadalajara, y allí tuve unas experiencias maravillosas. Los últimos años en atención temprana en Alcorcón, en la Asociación de Parkinson de Alcorcón y con personas mayores en Galapagar.

CUANDO LLEGASTE A ESPAÑA ESCRIBISTE TU LIBRO “RESONANDO” ¿PARA CUÁNDO SE VIENE EL TERCERO?
Parte de lo que te he contado está en este tercer libro. Me parece interesante conocer los inicios de una profesión, pero principalmente en mí tiene que ver con el autismo. Porque el autismo marcó mi vida. En algún punto soy autista. Ahora me ves muy desenvuelta, pero yo era muy tímida, muy sensible a los sonidos, a las temperaturas. Tengo sensibilidad a dos o tres centímetros de mi piel, dificultades en el vestíbulo, o sea, que tengo bastante papeletas para que me estudien el cerebro cuando fallezca… (Risas)

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Cora al piano impartiendo clase en Almería, España. 2015

 

¿Y EN EL AÑO 2010 VUELVES A MENDOZA?
Sí, porque nació mi primera nieta. Realmente disfruto tanto con el crecimiento de mis pacientes que no me podía perder el día a día de mi nieta. Con el mismo impulso que me fui, me volví. Creo que en un punto soy un poco inconsciente porque me volví sin ningún trabajo asegurado. Tuve que volver empezar de cero, a pesar de que en Mendoza me conocen. Si cada uno tiene un mito, yo soy el de Sísifo. Esta es una imagen que tengo de mí misma. El empezar siempre de cero. En realidad, no es de cero, es llevando una gran hilera de maletas, de libros, de experiencias vividas, de instrumentos.

HABLANDO DE INSTRUMENTOS ¿CON CUÁL TE IDENTIFICAS?
En principio con la guitarra, pero si me das la opción entre la guitarra y mi kalimba, una kalimba que compré en Buenos Aires cuando volví a la musicoterapia en el año 90, me quedo con ella. Es una kalimba con forma de útero y es muy simbólica.

¿EN QUÉ SENTIDO? ¿SÍMBOLO DE RENACIMIENTO COMO MUJER, COMO MADRE, COMO MUSICOTERAPEUTA?
Sí, exacto. Y cuando la utilizan mis pacientes, siempre hay algo en esa kalimba, ya sea la forma de tomarla, de ubicarla, el momento en que la utilizan, (pacientes adultos) hay algo ahí con la maternidad, la vuelta a la madre. Y otro que me gusta mucho. Es una flauta “Utara” que me la dejó en medio préstamo una alumna de Bilbao. Yo a cambio le dejé un libro de Patricia Pellizari…

¿Y LA FLAUTA QUÉ SIGFINICA?
Tiene un sonido bellísimo. Significa el aprecio que tienen por mí en España. Que me siento reconocida, no cuestionada. Bueno, seguro que alguien me cuestiona, pero siento que es mayor el peso del reconocimiento. Cuando voy a Bilbao, hablo de neurología y autismo. En el ISEP –Instituto Superior de Estudios Psicológicos- en Madrid de dinámica de grupo, musicoterapia analítica, y musicoterapia comunitaria. En Almería, imparto analítica, y también espectro autista. Y generalmente también doy seminarios de autismo y doy una vuelta de tuerca en diferencias diagnósticas. Es una discusión que tenemos con colegas argentinos. ¿Diagnóstico sí?, ¿diagnóstico no? Yo creo que si la persona nos llega con un diagnóstico da igual, lo importante es la persona. Aceptaré que tiene ese diagnóstico. Sobre todo en Argentina porque si tiene ese diagnóstico el Ministerio de Salud le pagará un tratamiento; así que bienvenido el diagnóstico. Aunque después ese diagnóstico cambie, aunque le esté rotulando al niño, pero le están pagando un tratamiento. Es una pelea frecuente. Ojalá pudiéramos no poner los diagnósticos, pero son peleas que son supra estructurales. A mí, en el uno a uno, me importa seguir trabajando desde su sonrisa, su suspiro, etc…

¿EN MENDOZA EN QUÉ SITUACIÓN ESTÁIS LOS MUSICOTERAPEUTAS?
Somos seis musicoterapeutas. De los cuales, tres obtendrán su título en papel dentro de un año. Sí, la Universidad de Buenos Aires tarda un año en que las personas tengan su papeleta. Esto les retrasa la obtención de su matrícula, y también a nivel laboral. Están en una institución sin el reconocimiento total. Otras han hecho un curso que no está reconocido por el ministerio, y muchos de ellos trabajan como tal, siguen estudiando, han hecho formación en el modelo Benenzon y no tienen ningún tipo de titulación que les avale. Esto si lo contamos al colectivo de musicoterapeutas de la República Argentina, ¿cuánto gente les dirá que están haciendo una práctica intrusista? Y resulta que algunos llevan 15 años trabajando en equipos interdisciplinarios y a nivel individual como para sacarse el sombrero. Yo creo que las cosas están muy desparejas. Desde Buenos Aires no se entiende lo que pasa en las provincias. Yo pido permanentemente que la gente venga a vivir a Mendoza. Yo sé que es duro el trasplante porque no hay río, no hay casi agua y la diferencia climática, aunque no lo parezca, suele ser determinante… Sé lo que se sufre; pero también todo lo que se gana. Ganás en tiempo, en calidad de vida: huerta, uvas, aire más limpio.

 

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Cora Leivinson y Patricia Pellizari en el Congreso Latinoamericano de Musicoterapia en Bolivia. 2013

 

¿QUÉ TIENE QUE PASAR PARA QUE ESTO CAMBIE?
Si tú recibes en Buenos Aires estudiantes que llegan desde las provincias a la gran ciudad y tú no formas a esas personas con una mirada hacia su propio origen, para defenderlo, esta gente se quedará mirando el Río de la Plata porque es muy bonito. Pasa por los formadores que tenemos en las universidades argentinas que dictan la carrera de musicoterapia en Buenos Aires. Quizás pasa en todas las profesiones. No somos un país federal, es mentira. Buenos aires sigue siendo el centro del país desplazado hacia el este.

¿PERO LA BUENA NOTICIA ES CÓRDOBA?
Sí, excelente. Donde se pudo mover el avispero con un curso de introducción a la musicoterapia en la Facultad de Piscología de la Universidad Nacional de Córdoba. Llevamos dos años dictando un curso con colegas de Córdoba. Se pudo armar la Asociación Cordobesa de Musicoterapia –ACOMUS- y se está pudiendo presentar un proyecto de licenciatura a pedido de la universidad. Aunque a lo mejor pueden pasar 10 años hasta que lo consigamos…

¿Y EN MENDOZA NO TENEMOS BUENAS NOTICIAS COMO ESTA DE CÓRDOBA?
Esto no te lo puedo asegurar hasta dentro de unos meses. Llevamos dos años “peleándonos” con una universidad privada. El proyecto está armado y cerrado pero yo no te puedo decir que sí.

¿CÓMO TRABAJA CORA?
Antes quiero aclarar que trabajo bajo el modelo de Mary Priestley. Esto lo supe mucho después de trabajar como musicoterapeuta y fue leyendo sus escritos en los años 2000. Pero en realidad, ya trabajaba así mucho antes de “conocerla”. Y trabajo primero observando lo que puede hacer la persona. Y luego, en el caso de los niños, del mínimo sonido, movimiento, mínima estereotipia, intento sacar algo de música. Puede ser repicando en una mesa, en un pandero, en una guitarra. De ahí la idea es ir desarrollando y aumentando. Jugando con los elementos de la música, con el ritmo, la dinámica, la intensidad, velocidad, silencios, glissandos y calderones. Para mí la música es como un juego. Y a veces trabajo desde una base armónica y a veces no.
Me gusta utilizar el teclado electrónico porque tiene variedad de timbres y de ritmos. Hay chicos que no tienen verbalización y está bueno utilizar el timbre de “chorus” u otros con reverberación, y que ellos puedan imitar esos sonidos. Al igual que los sonidos de percusión. Es el juego permanente y cuando integro a la familia, también. No me molesta que estén los familiares, de hecho me parece buenísimo, porque si lo acompañaron es una necesidad de esa familia y hay que aprovecharlo. O sea, cuando se cansan, ya no vienen, así que por lo menos, que compartan algún momento. Y a algunas familias muy protectoras e incluso aplastantes, pido que no entren.

 

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Foto de grupo del seminario “Trastornos del espectro autista y su abordaje desde la musicoterapia”impartido por Cora Leivinson. Madrid. 2015

 

¿QUÉ HACES CON TODA ESA INFORMACIÓN?
Intento sistematizar todo, pero sobre todo registro los momentos más sentidos. Más llenos, de mayor comunicación, expresión. Cuando trabajo con adultos voy apuntando palabras claves. Y cuando superviso también me centro en las palabras que ha dicho tal musicoterapeuta y trabajamos con esa idea. No me interesa tanto el análisis del discurso musical, me interesa ver cuando tragó saliva, cuando suspiró, cuando miró para otro lado, cuando sonrió, o sea, esas pequeñas señas no verbales, que también tienen que ver con el discurso musical, pero que no hacen a la forma musical. No me interesa la estética del discurso, si es armónico, o bonito. A veces por ser armónico y bonito está escondiendo lo que verdaderamente importa.

Cuento un ejemplo: un chaval con síndrome de asperger me demostró cómo, si yo me quedada callada escuchando, él podía salir de la repetición y dar inicio a su creatividad. Cuando le dan a una nota una y otra vez, es importante el hecho de dejar, y dar espacio para que a partir de memorizar las repeticiones desarrolle evoluciones, como en este caso, en el espacio y arme una coreografía. Y así pasó con este paciente. Pero si yo no le permito repetir, repetir, repetir…. él no podía internalizar esa repetición. Creo que fueron unos 5 minutos que me abrieron un universo maravilloso.

¿TU SETTING INSTRUMENTAL QUÉ TIENE?
En el instituto en Mendoza tengo un armario y los chicos los sacan. Y si es uno que tiene poca movilidad los saco yo y los pongo en la mesa. Tengo teclado, pandero, flautas, palo lluvia, maracas, llaves. En mi consultorio tengo canastos según el material del instrumento: tambores, maderas, metales, flautas, baquetas, sonajas-maracas, y objetos de plástico. Otro de kalimbas y las guitarras.

¿QUÉ PASA CON EL “YO PIEL” DE CORA?
Recibe vibraciones permanentemente, por ejemplo; ahora mismo escuchando esta música: cada golpe de platillo me está dando en los riñones. Trato de hacer abstracciones, pero estoy inconscientemente marcando con mi cuerpo el pulso de ese platillo que suena. Hay una pequeña vibración en el piso, y si pasas por mi piel, yo voy a sentir el calor, soy muy sensible a nivel piel, y a nivel auditivo ni te cuento… Todas las conversaciones que tenemos alrededor en este bar yo las estoy escuchando, y tengo que poner filtro. A veces, me encuentro ayudando a alguien, y pienso: pará, no te están diciendo a vos. (Risas)
En España, que se ven las películas dobladas, yo sufro con actores conocidos porque me desespera escuchar con la misma voz a Robert de Niro y a Liam Neeson…
Por eso te digo que siento y escucho como autista. Otro ejemplo, yo voy por la calle un día de sol y veo cómo se levanta el vapor de la calle. Es un yo piel totalmente abierto.

¿CON TANTA SENSIBILIDAD, TODOS LOS “YO PIELES” DE TODOS LOS PACIENTES ESTARÁN ENTREVERADOS EN TU PIEL, NO?
Exactamente. También de todos los “yo sonido”, y los “yo olfato”. A lo mejor por un mecanismo de defensa mío. Apenas el paciente empieza a moverse, o a sonar, yo sueno con él, porque me produzco a mí misma una campana sonora y me protejo de un grito que pega el paciente. Yo lo imito que es diferente que si solo lo recibo. Como que intento hacer una coraza sensorial, o un “corazón coraza”.

¿CREES QUE LOS SONIDOS EN TU YO PIEL TAN SENSIBLE, LOS ANTIGUOS ESTÁN MÁS PROFUNDOS Y LOS NUEVOS MÁS SUPERFICIALMENTE?
Todos están y van haciendo presencias y ausencias.



3 Comentarios

  1. Que buen artículo

  2. Excelente entrevista, muchas gracias Cora por compartir cada día con nosotros a través de tus miles de canales, (web, libros, clases, mails, etc.). Besos miles!

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