Georges Braque y la Teoría de la Analogía en Musicoterapia

 

Braque Homenaje a J S Bach

En 1912 el pintor francés  exponía su pintura cubista “Homenaje a J. S. Bach”. Óleo sobre lienzo, la pintura es un exponente del Cubismo Analítico, término que indica la fase temprana del cubismo, liderada por Braque y Picaso a principios del siglo XX, y tiene las características típicas de las primeras pinturas cubistas: planos superpuestos y múltiples perspectivas.

En los albores del cubismo, sus exponentes se abocaron principalmente a analizar estructuralmente la forma, y llegaron a considerar que la utilización de formas –geométricas incluidas- no delimita ningún tipo de solidez o característica fija al objeto. El recurso de superponer planos permite indicar tanto los límites exteriores como interiores del objeto, lo cual hace que los límites se hagan difusos o “superpuestos”, pero en ningún caso absolutos, ya que siempre se ven afectados por sus relaciones con otras formas.

Braque fue un cultivado músico y gran admirador del compositor alemán J. S. Bach, a quien se le considera uno de los más grandes exponentes de la Polifonía, técnica musical en que se superponen dos o más melodías. En la música polifónica, se generan diversos planos melódicos que se superponen dinámicamente, así como se producen múltiples perspectivas o niveles a partir de los cuales contemplar la música.
En su pintura, Braque homenajea a Bach, haciendo una analogía entre las técnicas aplicadas en su pintura, y la técnica de composición que utiliza el músico.

De la misma manera, el musicoterapeuta danés Henk Smeijsters, desarrolla una teoría general de la Musicoterapia que se basa en una analogía de base: los procesos que ocurren en la música son análogos a los que ocurren en la psique. Su nombre, la Teoría de la Analogía.

Como punto de partida, Smeijsters parte de una idea que ya venía de Shopenhauer –a su vez inspirado en Kant y su delimitación entre aquello que la razón puede y no puede hacer- según la cual la música está asocia a una dimensión no racional del ser humano, a una dimensión emocional no-lógica: La música repercute en el hombre de manera tan potente y magnífica, que puede ser comparada a una lengua universal, cuya claridad y elocuencia supera a todos los idiomas de la tierra”.

El proceso de escuchar y entender la música para el oyente común, es uno en que no hay una “referencia a algo externo a ella misma”, no hay un “argumento” (como lo hay en el caso de la escritura, que utiliza la palabra como símbolo referencial), y por lo tanto no operarían las leyes del logos. Aún así, los sonidos son “algo” en si, no están vacíos, tienen un significado aún sin un significado referencial (aunque suene paradójico). Ese “algo” no es otra cosa que la persona en toda su complejidad.

Así, en la teoría de Smeijster, los procesos que ocurren en la música son análogos a los que ocurren en la psique, en tanto los sonidos no se refieren a la persona, sino que son la persona y la persona es el sonido. Los procesos musicales se conforman de un modo idéntico a cómo se conforman los procesos al interior de la psique y de la vida interpersonal: “En Musicoterapia, lo procesos inter e intrapersonales no necesitan traducción en imágenes u otras formas de referencia simbólica, porque los procesos musicales “suenan” aquellos procesos”, los encarnan. Ser en la música, es ser en la experiencia.

 

 



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