Entrevista a Jorge Zain

Detallista y sensible, inquieto y generoso. Entregándose a las sincronías en su vida, este músico argentino y Licenciado en Musicoterapia investiga, desarrolla y comparte sus habilidades como profesional de la salud.  Además, coordina desde el año 2010 la formación del Abordaje Vibroacústico, una terapia receptiva con cuencos tibetanos que tiene como objetivo anclar aspectos positivos en el paciente.

 

 

¿Cómo es tú relación con la música?

Fue desde pequeño. Empecé a los 6 años a estudiar piano, acá en Buenos Aires, y lo dejé a los doce porque viajé a Francia a vivir un tiempo con mi familia. Dejé el piano pero siempre estuve en contacto con la música. Tuve una banda en Francia con un grupo de argentinos y hacíamos punk. Cuando volví a argentina en los años 90 retomé los estudios de música con la profesora María del Carmen Aguilar. Ella tiene un método que se llama: Método para leer y escribir música a partir de la percepción. Hice la formación completa con ella los 4 años. Y ahí empecé a tocar la flauta Ney, de origen turco. Es un instrumento de meditación. Empecé a tocarla porque me compré un disco de un grupo turco y me enamoré de su sonido. Al poco tiempo vino un grupo de allí a dar un recital, y uno de ellos tocaba la flauta ney. Fui a escucharlos y quedé fascinado. Al término, le pedí al flautista que me diera una clase. Él generosamente al día siguiente me citó para la prueba de sonido y allí, mediante gestos,  me enseñó. Luego miré el folleto del concierto y me di cuenta de que él era el flautista de mi único disco que tenía de música turca. Sincronías de la vida…

Cuando dominé el sonido de la flauta –me tomó tres semanas sacarle sonido- empecé a tocar en un grupo de Villa Crespo, “Ensamble confusión del mundo”. Fusiona música de todo el mundo con instrumentos étnicos, de Grecia, Bulgaria, Egipto, y con esta formación hacíamos folkrore de todas partes.  Ahora en este momento toco en casa o para mis amigos.

 

¿Y cómo llegaste a la musicoterapia?

Mi vínculo con la música fue muy intenso. Era la época de la crisis, buscaba trabajo, no sabía qué hacer, qué inventar, así que hice un curso de PNL y orientación vocacional con Daniel Cuperman. Trabajamos con el uso de las metáforas, y cosas relacionadas con el saber que uno tiene. También tratamos las vivencias del pasado, y lo que uno quiere desarrollar para salir adelante.

Un día, me acuerdo perfectamente, hicimos un ejercicio de exploración, con imaginería y movimiento. Teníamos que “viajar” de nuestro presente hasta el lugar ideal. Yo me encontré en un bosque con muchos músicos, y sin hablarnos, empezamos a hacer música. Entonces, después de la reflexión sobre la vivencia empezó mi interés por la musicoterapia.

Al día siguiente yo tenía clase de canto, y mientras yo vocalizaba, la otra alumna que esperaba en la biblioteca, sacó un libro de musicoterapia receptiva. Ese mismo día averigüé en internet cómo era la formación en Argentina. Fui a la Universidad del Salvador una semana de oyente pero después fui a la UBA y me recibí ahí.

 

¿Qué piensas de la formación académica de musicoterapia en Argentina?

Yo hice mi formación en un momento de transición en la UBA, y hablaré desde mi experiencia. Muchos docentes de distintas cátedras daban los mismos temas. Muchas cosas del psicoanálisis se repetían, había contenidos iguales: siempre los mismos textos de Freud y de Winnicott,. Así que esta realidad me permitió buscar afuera. Por suerte siempre fui muy curioso. Hice cursos  acá en Buenos Aires con el Licenciado Diego Schapira, con Benenzon.  También exploré en círculos no académicos, como el chamanismo, y ahí es donde descubrí los cuencos tibetanos. Quedé muy impactado de la posibilidad terapéutica de los cuencos. Y me di cuenta de que esa cualidad terapéutica desde la musicoterapia no estaba aprovechada. Así que empecé a investigar. Me pregunté si en occidente se había estudiado el uso de la vibración con fines terapéuticos y me topé con la Tesis de doctorado de Tony Wigram: Los efectos de la terapia vibroacústica en poblaciones clínicas y no clínicas. Ahí empecé a ligar cosas. Finalmente en mi tesis pude comprobar que, la señal sonora utilizada en la terapia vibroacústica planteada por Wigram,  que es generada electrónicamente por superposición de señales sinusoidales de frecuencia cercana, de baja frecuencia y sonoridad batiente, producto de dicha superposición, puede también ser generada por cuencos tibetanos vibroacústicos.

 

¿De qué forma estudiaste la cualidad terapéutica de los cuencos?

Estuve dos años investigando. Era importante  definir primero qué es un cuenco en términos acústicos. Para ello pedí ayuda a María Andrea Farina, una investigadora especializada en acústica. Necesitaba analizar el espectro de estos cuencos, en sus principales modos de acción,  para estudiar su comportamiento acústico. Grabamos dos cuencos fabricados en Argentina y otro traído de la India.

Pudimos observar que, al percutirlos, son instrumentos que tienen muchas series armónicas que se superponen. Es decir que son instrumentos poliarmónicos. Cuando el instrumento es frotado con una baqueta de corcho o cuero, el espectro cambia. Observamos que se excitan principalmente la fundamental de la serie armónica mas grave, y su octava. Es decir que nos aproximamos a una señal sinusoidal.

Había uno de los tres cuencos, cuya fundamental de la serie armónica mas grave, tenía una frecuencia de 110 Hz. Estaba ubicada dentro del rango vibroacústico. Este rango de frecuencias, definido entre 20 y 120 Hz. por Wigram y Olav Skille, es utilizado en la terapia vibroacústica para percibir el sonido por la piel y el sentido auditivo.

En tercer lugar, la forma de onda del sonido de los tres cuencos cuando son frotados con una baqueta de cuero o corcho, presentaba batidos irregulares. Por lo tanto, comprobamos la similitud con el tercer aspecto de la señal vibroacústica: los cuencos, al ser frotados con este tipo de baquetas, tienen sonoridad batiente.

En definitiva, los cuencos tienen las tres características del sonido vibroacústico planteado por Wigram en su tesis.

 

¿Cómo es tu trabajo de hoy con la Terapia Vibroacústica?

Trabajo desde hace años con pacientes depresivos, con baja autoestima y conflictos emocionales. Son pacientes que quieren cambiar esa forma dañina de vincularse con ellos mismos. Les facilito una experiencia nueva, positiva. Concretamente trabajamos con el concepto de neuroplasticidad. Lo novedoso genera nuevas redes neuronales, y el cerebro se reorganiza. La experiencia de tranquilidad y relajación, facilitada por el clima sonoro, maximizada por múltiples modalidades sensoriales involucradas, y un vínculo terapéutico, generan un “imprint”, y se reconocen nuevas formas de vincularse consigo mismo.

Con una sesión aislada no sirve, es importante el proceso terapéutico, sin él, no hay ningún cambio posible. Cuando dejas de entrenar una habilidad, se pierde. Y el cerebro necesita un tiempo para generar esas redes, y poder utilizar esa información.

 

Por el clima que generan los cuencos y por todo lo que movilizan, ¿has tenido alguna vez alguna situación “delicada” con algún paciente?

En mi artículo,  “Resonancia y  Envoltura en la experiencia vibroacústica”, hablo del concepto de resonancia planteado por Ralph Spinte, que es un fenómeno de sincronía, amplificación, extinción, y acoplamiento que puede darse entre los ritmos internos centrales nerviosos y una entrada rítmica externa, tal como la luz o el sonido. En la experiencia con cuencos, el sonido, el ritmo, el timbre y el clima sonoro que se generan pueden sincronizar con aspectos físicos  reales,  por ejemplo con la frecuencia cardíaca o la respiración.  Si no tenemos en cuenta este fenómeno, y no monitoreamos correctamente las respuestas de un paciente, podemos provocarle una taquicardia, o  incrementar un estado de hipotonía.

Por otro lado, se puede dar una regresión a estados prenatales, primitivos. Uno durante nueve meses está envuelto en sonidos, está protegido  dentro de un clima sonoro que luego queda archivado en la memoria profunda, como por ejemplo los sonidos gástricos, la voz y el latido constante de nuestra mamá. Esto es perfectamente normal.

Puede que una persona tenga una experiencia regresiva negativa. Por eso es muy importante que la persona que trabaja con sonido sea un profesional con formación para que pueda contener al otro. A mí me pasó en un taller que di en Capilla del Monte, una mujer se descompensó, detuve la experiencia y la transformé en otra cosa para contener esa descompensación. Fue una buena experiencia, y muy movilizadora para todos los presentes, aunque fue complicado porque era un grupo grande. Así que desde entonces si trabajo con grupos, lo hago con grupos reducidos.

 

¿Tienes alguna estructura para las sesiones de vibroacústica ya que la aplicación es diferente con cada paciente?

Sí, las sesiones están estructuradas en 7 fases. Como cada paciente es diferente, hay variaciones en estos 7 pasos. No es lo mismo trabajar con un paciente con compromiso neuromotor, que no puede verbalizar, que con pacientes depresivos, quienes tienen necesidad de hablar. Por lo general, primero me comentan la semana o lo que necesiten y yo les escucho, después son 30 minutos de experiencia vibroacústica  y otros 15 para el cierre. Algunos están tan bien que no quieren levantarse, por ello el tiempo de cierre se acorta. A veces el final de la sesión  está ligado a mi factor  real del tiempo. Suelo tener pacientes después. Como trabajo de post-tratamiento, puedo pedirles que escriban sobre lo vivido, o que dibujen. En general sobre lo positivo que han experimentado porque lo más importante es anclar aspectos positivos.


¿Desde cuándo coordinas la formación de Vibroacústica?

Empecé en 2010 con María Andrea Farina. Me lo tomé como un curso introductorio. Poco a poco fuimos cambiando algunas cosas. La experiencia fue muy buena. Pasó de ser cuatrimestral, a anual, y fue abismal la diferencia.

Este año tenemos este formato: teórico práctico los primeros meses, y después  supervisiones de casos clínicos de cada alumno. Y hemos añadido algo novedoso: sesiones didácticas en donde los alumnos/as tienen que venir una vez por mes para hacer la experiencia, o sea, ellos mismos se convierten en pacientes. También hemos incorporado clases de neuropsicología con la doctora Eliana Roldán.

Para mí es muy importante compartir, publicar, dar cursos para seguir profundizando. Por eso, a mis alumnos los estimulo a que estudien y publiquen.

 

¿Crees que el punto fuerte de la terapia vibroacústica es “despertar” el cuerpo a las emociones, ante el estado actual de las cosas signado por el raciocinio y el materialismo?

Antes que despertar el cuerpo a las emociones, yo diría  que este abordaje vibroacústico ayuda en la toma de consciencia de las sensaciones corporales. Muchas personas, en especial depresivas, tienen un alto grado de desconexión con su cuerpo. Hablar hoy de la relación entre las vísceras y las emociones ya no es improvisación. Está estudiado por muchos investigadores. Tomar consciencia del estado del cuerpo es un primer paso para regular las reacciones emocionales. Luego hay que hacer algo al respecto.

Este abordaje ofrece herramientas para la toma de consciencia del cuerpo, de lo visceral, y para transformar el estado corporal y emocional. La clave está en la yuxtaposición de una amplia variedad de modalidades sensoriales (por ejemplo: audición, imaginería, tacto, presión, palestesia, temperatura, olfato, entre otras), con un vínculo humano que se va estableciendo dentro de un proceso terapéutico.

Ingrese al sitio web de Musicoterapia Vibroacústica

6 Comentarios

  1. Muy bueno Gaby! Felicitaciones!

  2. Jorge Zain /

    Comparto esta entrevista que me hizo Gabriela Duyos, sobre el abordaje vibroacustico.

  3. BRILLANTE JORGE, QUÉ BIEN EXPLICADO, SUPER INTERESANTE Y LUJO HABERT TRABAJADO CON VOS

  4. Muy interesante !! Felicitaciones !!!

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