Entrevista a Stefan Koelsch

A continuación publicamos extractos de la entrevista realizada por Eduard Punset a Stefan Koelsch, profesor de psicología de la música en la Freie Universität de Berlín, la cual contiene interesantes reflexiones e investigaciones sobre la música, las emociones y la neurociencia.

 

 

Algunos amigos tuyos me dicen que nada tiene más impacto sobre el cerebro que la música. En el sentido que afecta la memoria, incluso afecta el movimiento, las emociones, prácticamente todo. ¿La música es tan importante como dicen o no es para tanto?

Creo que es muy importante y de hecho podríamos dar vuelta la pregunta y plantearnos si hay alguna parte del cerebro que no se vea influida por la música. ¿qué está ocurriendo en el cerebro de las personas que hacen música? Mientras producen sonidos los escuchan y los combinan con sus movimientos y sus propias producciones de sonido. Recuerdan lo que han producido antes como lo que producirán después… Quizás recuerden la canción, la letra, se miran, se genera actividad emocional. En general cuando la gente compone música en común, se lo pasa bien, disfruta estando con los demás, disfruta comunicándose con los otros y todos esos procesos diferentes hacen que el ser humano se comprometa con toda su riqueza y colorido por decirlo de alguna manera.

 

 

Este mundo de la música parece tan dirigido por las emociones. Según parece haz llevado a cabo unos experimentos en Camerún y lo que intentaste demostrar es que una cultura concreta no afectó la emociones generadas por la música. Es decir, juntaste a un aborigen y a un ingeniero muy sofisticado procedente de dos hemisferios totalmente distintos y sin embargo todos reaccionaron igual ante la música.

Fue un estudio sobre del reconocimiento de las emociones en la música. Uno de mis estudiantes de doctorado viajó al norte de Camerún e hizo una investigación con personas que nunca habían escuchado música occidental antes. Estas personas fueron capaces de decir: “esta suena bastante alegre”, “esta otra bastante triste”, “y aquella bastante aterradora”.

Suponemos que es porque en la música occidental la música triste imita la prosodia de una voz triste. Todos los bajos que van disminuyendo el timbre por ejemplo, un tempo que no sea rápido, solo pequeñas variaciones de tono. Parece ser que cuando se codifica en form de música, aunque nunca hayamos escuchado la pieza antes, somos capaces de reconocer que expresa la pieza en cuestión.

 

 

 ¿Por qué cuando estoy triste y me siento solo, la música me anima si es algo movida y por qué pasa al revés, cuando estoy muy excitado la música inversa me calma?

Eso nos muestra que la música tiene esa capacidad de cambiar nuestro estado de animo si así lo deseamos. Desde la neurociencia sabemos que la música es muy poderosa a la hora de activar cada una de las estructuras emocionales en el cerebro. Cuando llevamos a cabo experimentos neuro científicos vemos que podemos modular la actividad en prácticamente cualquier estructura cerebral-emocional gracias a las emociones que despierta la música. Esto significa que la música es capaz de evocar el núcleo mismo de las estructuras cerebrales, responsables y creadoras de nuestro mundo emocional, algo muy importante también para las terapias donde podemos intentar aplicar la música para ayudar a aquellos pacientes que padecen trastornos de sus estructuras cerebrales y que están relacionados con las emociones. No solo la depresión sino un trastorno provocado por un estrés pos traumático, en parte también los trastornos por ansiedad, los individuos que han padecido traumas a causa de abusos u otras causas, por lo que tenemos un amplio horizonte a la hora de aplicar de forma más sistemática y generalizada la música como terapia.

 

 

He leído algo en tus libros sobre niños autistas. Parece que escuchan o aprenden la música igual que los niños no autistas. ¿es posible esto? ¿sienten la música del mismo modo? ¿no existe la diferencia que encontramos en el caso del lenguaje o de la relación social que tiene estos niños?

De momento es muy difícil contestar a tu pregunta debido a que no tenemos suficientes estudios neurológicos sobre la relación entre niños autistas y la música. Pero lo que si sabemos es que los niños autistas sienten un gran interés por la música y son propensos a componer música con otros. En entornos terapéuticos es cierto que resulta difícil comunicarse con ellos a través del lenguaje, en cambio es más fácil hacerlo a través de la música.  De hecho algunos de nuestros estudios han comprobado que la música puede comunicar información, no es algo que solo crean los musicoterapeutas y que no tenga base científica. También estamos determinando que instrumentos  musicales pueden fomentar la empatía y el reconocimiento de las emociones. Es algo que estamos probando con niños autista pero también dentro del curriculum escolar de los niños en general, porque es una forma divertida de expresar las emociones, de aprender a reconocerlas, de aprender a expresarlas, de ampliar el vocabulario referente a las emociones.

 

 

Lo realmente fascinante es esa cuestión social de la música. Une a unas personas con otras, es algo tremendamente social.  

No solo es cierto, sino que creo que es una de las cosas especiales que tiene la música, uno de sus grandes poderes. La música despierta en nosotros todas esas funciones cuando la hacemos juntos. Como humanos somos una especie social y no podríamos haber sobrevivido a lo largo de la evolución sin cooperar y comunicarnos. Mientras hacemos música volvemos a vivir todas esas experiencias y ponemos en marcha todas esas funciones sociales. Es decir, averiguamos que es lo que quiere el otro o que intenta o que desea o que cree, sin que nos lo diga explícitamente. Hay experiencias emocionales en las que después de hacer música todos nos sentimos felices mientras que antes estábamos enfadados. Y el resultado de todo ello es esa especie de cohesión social… nos gustamos más que antes, estamos más unidos que antes, confiamos más los unos en los otros, pensamos que los otros nos ayudarán cuando nos sintamos solos o cuando tengamos un problema.

 

 

Podríamos decir que si habláramos menos y escucháramos más música habría más altruismo en la sociedad.

Creo que deberíamos hacer ambas cosas. Si bien existen algunas sociedades que si dos personas están enemistadas y acuden a los “tribunales”, se espera de ellos que canten, no pueden pelearse. Bueno, pueden decir el motivo del enfrentamiento, pero deben cantar el motivo de la pelea, porque la gente no puede mentir con la misma facilidad cuando cantan y se enfrentan unos a otros de una manera mucho más cooperativa de un modo que tiene mucho más sentido que cuando simplemente nos gritamos.

 

 

Me gustaría saber si se trata de una capacidad innata o si es algo que adquirimos. Quiero decir, la capacidad de entender la música. Hay un famoso experimento que muestra como los bebés de solo 3 días pueden reaccionar a la música, así es que realmente si alguien con solo tres días puede hacer aquello es que debe ser algo innato ¿no?

Esto absolutamente convencido de ello, sí. Somos de forma innata, desde lo más profundo de nuestra naturaleza, criaturas muy musicales y hay una buena razón para ello a parte de todas las funciones sociales. También necesitamos esas capacidades para aprender a hablar. Cuando nacemos no sabemos que significan las palabras leche, pecho, bebé o sorber, pero aprendemos a hablar al escuchar los sonidos musicales del lenguaje y así es como los niños aprenden a hablar. Escuchan la música del habla y al hacerlo también  entienden el lenguaje. No es el único aspecto del lenguaje que aprenden, pero evidentemente es algo muy importante. Afortunadamente somos muy musicales ya que de otra manera nos costaría mucho aprender a hablar o aprender otros idiomas.

 

 

Lo que dices es que hay una forma musical de hablar, como lo hacen las mamás o las cuidadoras cuando cambian su voz para referirse a un bebé. En realidad no les hablamos, les cantamos, y es así como entienden.

Bueno, está claro que para que nos entiendas es importante jugar con la entonación. No solo los adultos se entienden mucho mejor cuando no hablan con una voz monocorde y le ponen una entonación y ritmo. En el caso de los niños también es muy importante porque hay estudios que demuestran que si los padres no hablan con sus hijos jugando con la entonación, los niños son más susceptibles a padecer trastornos del habla y del lenguaje.

Solo con escucharte (le dice a Punset), ya escucho un cierto ritmo y además tienes una voz muy melódica, tu voz sube y baja, muestra subiendo y bajando el tono, yendo más rápido y más despacio, dónde están los límites de las frases, como se acaba la frase, como te sientes, cuanto deseas que algo ocurra, que deseas, cuales son tus intenciones, etc.

A menudo, cuando hablamos de emociones, utilizamos palabras para referirnos a algo que ocurre en nuestro cuerpo. Ahora bien, cuando utilizo una palabra para referirme a una sensación en mi cuerpo y tu utilizas la misma palabra, ¿cómo podemos saber que nos estamos refiriendo a lo mismo? Dado que no existe una correspondencia univoca en el cerebro, entre nuestras sensaciones por un lado, y nuestros centros lingüísticos por el otro, tiene que producirse una transformación de la información desde  la sensación al lenguaje y nunca se sabe, pero si utilizo la música para evocar algo en ti… a veces la música puede hacerlo mejor. Con la música podemos comunicar esa información incluso sin que se vea distorsionada por las palabras.

 

Vea el video completo de la entrevista aquí

 

 

Curriculum de Stefan Koelsch

  
1994 Masters of Arts in Instrumental and Vocal Music (Künstlerische Reifeprüfung), University of Music and Arts, Bermen, Germany (major subject Violin)

1998 Masters of Science in Psychology (Dipl.-Psych.), University of Leip- zig (Erich Schöger’s lab.), Germany (“Influences of experience on automatic neural mechanisms: Do musicians have superior pre-attentive auditory processing”)

2000 Masters of Science in Sociology (Dipl.-Soz.), University of Leipzig, Germany (“Der soziale Umgang mit Fähigkeit – Die geschlossene Gesellschaft und ihre Freunde”) 2000 Ph.D. in Psychology (Dr. rer. nat., summa cum laude), Max Planck Institute for Cognitive Neuroscience (Angela Friederici’s lab.) / University of Leipzig, Germany (“Brain and Music: A contribution to the investigation of central auditory processing with a new electrophysiological approach”)

2001 – 2002 Postdoctoral fellow at Harvard Medical School (Gottfried Schlaug’s Lab.) , Boston, USA

2003 – 2008 Leader of the Max-Planck Independent Junior Research Group “Neurocognition of Music”, Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Science, Leipzig Germany 2004 Habilitation in Psychology, University of Leipzig (Faculty of Bio- sciences, Pharmacy, and Psychology), Germany (“Spatial and temporal aspects of processing musical syntax and semantics”)

2006 – 2010 RCUK fellowship (senior researcher) at the University of Sussex Since

2010 Professor for Music Psychology, Cluster of Excellence “Languages of Emotion” & Dept. of Education and Psychology, Freie Universität Berlin, Germany

 



2 Comentarios

  1. Brillante!!!!!! felicitaciones. Con lo que me gusta este autor… qué bien que lo hayan presentado aquí

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